No podemos ceder nuestra moral a la IA


Todo se acelera 

Cuando "Laudato si'" (LS) salió a la luz en 2015, ya nos preocupaba eso de creer que la tecnología lo soluciona todo, sin pensar en las consecuencias reales para nuestra "casa común" y los más vulnerables.

Justamente de eso habla "Antiqua et nova" (AetN) en 2025, pero enfocado en la Inteligencia Artificial (IA). Esa creencia que mencionaba LS tiene un nombre clave: el "paradigma tecnocrático". Es la idea de que podemos dominar la realidad solo con ciencia y algoritmos, como si fuéramos dioses y el mundo fuera solo material para usar.

Un paradigma que nos aísla

Ese paradigma nos hace olvidar que somos parte de la creación, no sus dueños absolutos. Si aplicamos esa lógica a la IA, corremos el riesgo de crear un sistema donde solo importe la eficiencia y la productividad, y no la dignidad humana o el bien común.

La IA, que es un producto increíble de la creatividad humana, puede ser una herramienta genial si se usa bien. Pero si dejamos que se mande sola, sin límites éticos y religiosos, se convierte en parte de esa tecnocracia peligrosa. No podemos permitir que una máquina decida quién obtiene un préstamo, un trabajo o incluso si alguien es culpable, sin supervisión humana real y moral.

El problema es que el paradigma tecnocrático ve a las personas como datos, como un costo a minimizar. Si la IA sigue esa lógica, en vez de ayudarnos a cuidar la Tierra y a los demás, puede empeorar la desigualdad social y el daño ambiental. Por ejemplo, los materiales para los chips de IA se extraen en países con condiciones laborales terribles.

Hablemos de la crisis de la verdad 

Con los deepfakes y la desinformación generada por IA, se erosiona la confianza y la verdad queda en offside. AetN insiste en que quienes crean contenido con IA tienen la responsabilidad moral de verificar la verdad y evitar el odio o la explotación. La IA debe complementar la inteligencia humana, no reemplazarla ni esclavizarnos.

Que la IA sirva a la humanidad, no al revés 

Necesitamos un enfoque centrado en la persona, que priorice la ética, la transparencia y la responsabilidad. La tecnología no es mala, pero su desarrollo tiene que ir de la mano de un crecimiento moral y de la mano de una "ecología integral". Todo está conectado. El uso de la IA también tiene un impacto ambiental y social. No se trata solo de tener mejores algoritmos, sino de cambiar nuestros hábitos y valores, de buscar la sabiduría del corazón, no solo datos.

Al final, solo el ser humano es un agente moral, con libertad y responsabilidad. La tecnología nos desafía a ser más humanos, a no perder el norte de lo que significa tener dignidad, creados a imagen de Dios. No podemos ceder nuestra moral a una línea de código.

Es nuestra decisión 

O nos dejamos llevar por la espiral de autodestrucción y eficiencia sin alma, o usamos estas herramientas con sabiduría, pensando en las generaciones futuras y en nuestro hogar común.

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