Si la Iglesia quiere volver a ser buena madre
Madre y no madrastra, lejos de la autorreferencialidad, dispuesta a salir al encuentro de aquellos “hermanos y hermanas en la humanidad” que no forman parte de ella, la Iglesia arraigada en Cristo es sobre todo la que pone en el centro a los descartados, a los pobres, a los desheredados, a los últimos. (Mons. Donato Ogliari) Este artículo nos invita como Iglesia a reflexionar sobre cómo estamos ejerciendo nuestro rol y a adoptar una postura más cercana, amorosa y empática con los hermanos, tal como lo haría una madre que ama profundamente a sus hijos. Pasar de "mala madrastra" a "buena madre" implica un cambio de actitud, dejando atrás la severidad o el abandono, y adoptando la bondad, la enseñanza y el apoyo incondicional que caracterizan a una verdadera madre. Cuando la comunidad se convierte en tribunal La Iglesia, en sus más puras intenciones, debe ser la la casa de la acogida- un vientre materno que no expulsa sino que genera, que no juzga sino que acompaña, q...