Pentecostés: esperanza frente al caos y la soberbia
Ya sabemos que es la Pascua de Cristo la que nos trae la verdadera libertad. Nos libera, precisamente, de la desmesura, de nuestra libido de infinito, porque la hace apuntar hacia aquello para la cual ha sido creada en la mente humana: no para intentar saciarse desordenadamente en este mundo, sino para el encuentro con Dios, para la ofrenda de amor de uno mismo y para el disfrute resucitado del cielo . Y, contra le ley trampa de la frondosa legislación farisea, falso pentecostés, constitución que, ni con cola, pega con la vida de los pueblos, la fuerza unificadora, antibabélica, del Espíritu Santo, último fruto de la cosecha de aquella que fue la siembra de la muerte de Cristo, cosecha iniciada en la Pascua de su Resurrección. Espíritu-Ley que ya no es la maraña talmúdica del rabino, ni la pacotilla de los 613 mandatos bíblicos, ni de cualquier moral, ni código civil o laboral, sino la Ley que, predecía Ezequiel, se grabaría en el corazón de los hombres como ímpetu de bien, de solidar...