IV Domingo de Adviento: la libertad de María y de José
El Espíritu Santo, el poder del Altísimo -según las palabras del ángel- será el autor de lo que ha de nacer de la Virgen. Y el lector del pasaje Lc 1,26-38, si está habituado al lenguaje de la Escritura, inmediatamente capta que se encuentra frente a una acción divina tan trascendente como la que describía el viejo poema del Génesis hablando de la Creación, cuando aquel mismo espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas vírgenes y el poder de Dios hacía surgir todas las cosas de la nada. Precisamente esa nada a partir de la cual será recreado el hombre nuevo es lo que representa la virginidad de María. Después de tantos siglos de meditación cristiana, hablar de una virgen, de la virginidad, es, al menos para la iglesia, un título de honor. Pero de ninguna manera lo era en el antiguo testamento y tampoco en la época en que escribe Lucas. Al contrario, tanto el hombre como la mujer estaban obligados a casarse y engendrar hijos y el que no lo hacía era mirado con desprecio. El que moría sin ...