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Mostrando entradas de marzo, 2022

El aumento del poder de la humanidad está amenazado con destruir el propio género humano

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Foto de  Kris Møklebust  en  Pexels 1. El mal moral El hombre, hoy más que en cualquier otro tiempo, es particularmente sensible a la grandeza y a la autonomía de su tarea de investigador y dominador de las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo hay que hacer notar que existe un grave obstáculo en el desarrollo y en el progreso del mundo. Este está constituido por el pecado y por la cerrazón que supone, es decir, por el mal moral.  De esta situación da amplia cuenta la Constitución conciliar "Gaudium et spes".  "Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios" (Gaudium et spes, 13).  Por eso, como consecuencia inevitable:  "el progreso humano, altamente beneficioso para el hombre, también encierra sin embargo una gran tentación; pues los individuos y las colectividades, subvertid...

Si no existiera el pecado original...

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Foto de  Andres Ayrton  en  Pexels Si no existiera el pecado original, podríamos apelar a la razón lúcida, con argumentos accesibles a cada uno e irrefutables, y a la buena voluntad que existiría en todos . Sólo de este modo podríamos seguir adelante y reformar la humanidad. Pero no es así. La razón, incluida la nuestra, está oscurecida , como constatamos cada día, puesto que el egoísmo, la raíz de la avaricia, consiste en quererme a mí mismo por encima de todo y en considerar que el mundo existe para mí. Este egoísmo lo llevamos todos. Este es el oscurecimiento de la razón: puede ser muy docta, con argumentos científicos estupendos, y a pesar de ello sigue oscurecida por falsas premisas. De este modo, avanza con gran inteligencia, a grandes pasos, pero por un camino equivocado. También la voluntad, como dicen los santos Padres, está inclinada. El hombre sencillamente no está dispuesto a hacer el bien, sino que se busca sobre todo a sí mismo, o busca el bien de su propio ...

La Eucaristía es la grande y humilde celebración de la gloria divina

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Foto de  Italo Melo  en  Pexels Grande porque es la expresión principal de la presencia de Cristo entre nosotros "todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20); humilde, porque está confiada a los signos sencillos y diarios del pan y del vino, comida y bebida habituales de la tierra de Jesús y de muchas otras regiones. En esta cotidianidad de los alimentos, la Eucaristía introduce no sólo la promesa, sino también la "prenda" de la gloria futura. 1. La gloria divina en Israel En el Antiguo Testamento, el vocablo hebreo "kabôd" indica la revelación de la gloria divina y la presencia de Dios en la historia y en la creación. La gloria del Señor resplandece en la cima del Sinaí, lugar de revelación de la palabra divina (ver Ex 24, 16). Está presente en la tienda santa y en la liturgia del pueblo de Dios peregrino en el desierto (ver Lv 9, 23). Domina en el templo, la morada ―como dice el salmista― "donde habita tu gloria" (Sal 26, 8). Envuelve co...

Preparar una Iglesia adoradora y acogedora (Corpus Christi)

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Foto de  Engin Akyurt  en  Pexels Jesús envió a sus discípulos para que fueran a preparar el lugar donde iban a celebrar la cena pascual. Ellos mismos fueron los que le preguntaron:  «¿Dónde quieres que vayamos a preparar la cena de Pascua para que la comas?» (Mc 14,12).  También nosotros, mientras contemplamos y adoramos la presencia del Señor en el Pan eucarístico, estamos llamados a preguntarnos: ¿En qué “lugar” queremos preparar la Pascua del Señor? ¿Cuáles son los “lugares” de nuestra vida en los que Dios nos pide que lo recibamos? Quisiera responder a estas preguntas deteniéndome en 3 imágenes del Evangelio: Mc 14,12-16.22-26. Imagen 1. El hombre que lleva un cántaro de agua (ver v. 13) Es un detalle que parecería superfluo. Sin embargo, ese hombre totalmente anónimo se convierte en guía para los discípulos que buscan el lugar que después será llamado el Cenáculo. Y el cántaro de agua es el signo para reconocerlo. Un signo que nos lleva a pensar en la huma...

¿Cómo aprendo a rezar? ¿Cómo crezco en mi oración?

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1. Estar de manera habitual en presencia de Dios Al responder a esta pregunta debemos recordar ante todo que la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo (ver Catecismo de la Iglesia católica, 2565). Por lo tanto, la vida de oración consiste en estar de manera habitual en presencia de Dios y ser conscientes de ello, vivir en relación con Dios como se viven las relaciones habituales de nuestra vida, con los familiares más queridos, con los verdaderos amigos. Es más, la relación con el Señor es la que dona luz al resto de todas nuestras relaciones. Esta comunión de vida con Dios, uno y trino, es posible porque por medio del Bautismo hemos sido injertados en Cristo, hemos comenzado a ser una sola cosa con él (ver Rm 6, 5). 2. Mirar constantemente a Cristo Sólo en Cristo, en efecto, podemos dialogar con Dios Padre como hijos, de lo contrario no es posible, pero en comunión con el Hijo podemos incluso de...