Cuaresma: La primacía de la caridad
El que es aficionado al ayuno se tendrá por muy devoto si puede ayunar , aunque su corazón esté lleno de rencor, y (aunque no se atreverá, por sobriedad, a mojar su lengua en el vino y ni siquiera en el agua), no vacilará en sumergirla en la sangre del prójimo por la maledicencia y la calumnia. Otro creerá que es devoto porque reza una gran cantidad de oraciones todos los días, aunque después se desate su lengua en palabras insolentes, arrogantes e injuriosas contra sus familiares y vecinos. Otro sacará con gran presteza la limosna de su bolsa para darla a los pobres, pero no sabrá sacar dulzura de su corazón para perdonar a sus enemigos. Otro perdonará a sus enemigos, pero no pagará sus deudas, si no le obliga a ello, a viva fuerza, la justicia. Todos estos son tenidos vulgarmente por devotos y, no obstante, no lo son en manera alguna. La gente de Saúl buscaba a David en su casa; Micol metió una estatua en la cama, la cubrió con la...